En Marrakech existe una tradición gastronómica tan curiosa como antigua: la tanjia, un plato de carne preparado dentro de una vasija de barro que tradicionalmente se llevaba a los hornos de los hammams, los baños públicos.
La vasija se colocaba entre las brasas y cenizas calientes y permanecía allí durante horas, aprovechando el calor del horno para cocinar lentamente la carne.
La tradición está vinculada a los artesanos y comerciantes de la antigua medina de Marrakech, quienes podían dejar su comida cocinándose mientras continuaban con su jornada.
Carne, ajo, limón en conserva, aceite y especias forman parte de esta preparación, cuyo secreto está menos en la cantidad de ingredientes que en las horas de cocción lenta.
Lo más curioso es que el hammam no solo servía para bañarse: su horno podía convertirse también en una cocina comunitaria.
Hoy la tanjia es uno de los platos más representativos de Marrakech y una muestra de cómo las necesidades de la vida cotidiana pueden terminar creando una tradición gastronómica centenaria.


