Científicos descubren que el instinto de cuidar a las crías en las hormigas nació del hambre.

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Un equipo de investigadores de la Universidad Rockefeller publicó un estudio en la revista científica Nature que revela un hallazgo sorprendente: el comportamiento de cuidado hacia las crías en las hormigas podría haber evolucionado a partir de los mismos circuitos cerebrales que originalmente controlaban el hambre.


Los científicos estudiaron la especie conocida como hormiga invasora clonal (Ooceraea biroi), un modelo ideal para investigar la evolución del comportamiento social porque todas las obreras son prácticamente idénticas desde el punto de vista genético.


¿Qué descubrieron?
El equipo identificó dos moléculas clave del cerebro:


Neuropeptide F (NPF): favorece que las hormigas permanezcan con las larvas y las cuiden.


Allatostatin A (AstA): impulsa a las hormigas a abandonar el nido para salir a buscar alimento.


Al modificar artificialmente estas moléculas, los investigadores lograron cambiar el comportamiento de las hormigas, haciendo que actuaran como cuidadoras o como recolectoras de comida.


El dato más sorprendente
Cuando una hormiga tiene hambre, aumentan los niveles de NPF y disminuyen los de AstA. En lugar de volverse únicamente más activa para buscar alimento, también muestra una mayor tendencia a cuidar las larvas. Esto sugiere que la evolución reutilizó un antiguo mecanismo relacionado con la alimentación para dar origen al comportamiento de cuidado parental.


¿Por qué es importante?


Este descubrimiento indica que la evolución no siempre crea mecanismos nuevos, sino que adapta sistemas biológicos ya existentes para desarrollar funciones completamente diferentes. Los investigadores creen que este mismo principio podría ayudar a comprender cómo evolucionó el cuidado parental en aves, mamíferos e incluso en los seres humanos.